sábado, 12 de abril de 2008

EL PECADO COMO DEUDA




La invitación que recibe Jesús para comer en casa del fariseo, le da la oportunidad de encontrarse con dos personas muy diferentes, una que se cree justa y otra que se sabe pecadora. Quien se cree bueno, condena a la pecadora y duda de Jesús. La que se siente en deuda, le colma de atenciones sin importarle nada más.

Y Jesús responde con una parábola, cuyo significado es muy fácil de comprender: ama más quien se sabe más perdonado. El deudor al que se le ha saldado una deuda mayor, es el más agradecido.

En deuda con Dios estamos cuando pecamos, y en deuda con El quedamos cuando hemos sido perdonados. Si hemos pecado, debemos a Dios satisfacción y cuando somos perdonados, vivímos con El en deuda de amor.

El fariseo es figura de aquél que, por creerse bueno, desprecia a todo el que no es como él. La mujer, en cambio, es prototipo de todos los que son condenados por lo que hacen, por como viven o simplemente por ser diferentes. Ella se sabe deudora del perdón y eso es lo verdaderamente importante, porque ¿de qué va a ser perdonado quien no tiene de qué pedir perdón?

Sólo el que reconoce su deuda, conocerá la alegría de sentirse perdonado.